Sevilla, abierta al mar
3 de Noviembre de 2009
Pepe Montero
Siempre he pensado que los pueblos que viven junto al mar son unos privilegiados. Por razones estéticas, desde luego. Pero también por otros dos motivos que personalmente aprecio mucho. Uno, el que todas las mañanas hay subasta en los puestos del mercado, donde cualquiera puede hacerse con piezas realmente envidiables e imposibles, si es que viviéramos en Castilla o Extremadura. Y el otro motivo, algo más elevado, es el que se refiere a la cultura.Tradicionalmente, los pueblos situados junto al mar han disfrutado de una cultura más abierta, consecuencia del trasiego de las gentes más dispares que atracaban en sus puertos. Creo que si Nueva York no tuviera puerto, no sería la capital del mundo. Tampoco Barcelona sería culturalmente lo que es, sino fuera por su puerto. Ni Huelva gozaría de ese horizonte americanista que tanto ha aportado a su historia.
Sevilla algún día tuvo puerto de mar, y era una ciudad abierta, capital del pensamiento y la cultura occidental. Pero aquello terminó, y la ciudad inició una espiral de introversión que hoy día continúa. Sevilla se sigue mirando a sí misma como si no existiera el mundo, como si no hubiera algo más allá de sus antiguas murallas. La televisión municipal se anuncia, precisamente, con un eslogan (Mira Sevilla) que es la quintaesencia de esta mentalidad.
Sevilla necesita abrirse de nuevo al mar. Creo que es la última forma de recuperar lo que un día perdimos. Perdimos el horizonte del Atlántico y con él, el tesoro de una mente abierta y permeable a los sanos contagios. El río Guadalquivir que nos atraviesa ya no es el de antes. Ahora es un simple canal, que no aporta ni cultura ni alegría a la ciudad. Sevilla es eso: agua estancada, como los valores que defiende. Sólo un río nuevo, que abra de nuevo la ciudad al gran océano, podrá devolvernos el horizonte del mar abierto, el horizonte sin límites del mar azul.
Y, si además, podemos tener una buena una lonja de pescado fresco, mejor.
